martes, 31 de enero de 2012

Eutanasia

La capacidad de dejar en estado vegetativo a todos mis amores es un don que me dio la vida. Vegetativo es: muertito, pero respirando, ya que está . Y así, de vez en cuando, los muertos reaparecen.
Reaparecen, te mandan un mensajito y vos, como una boluda que no practica la eutanasia, le das respiración boca a boca y lo reanimas con tus primeros auxilios.
Entonces, los muertos no terminan de morir. Y no es estratégico, no es que sos la más pilla del barrio porque de vez en cuando te revolcas con un ex. No, porque sos tan boluda, que te involucrás, crees que “capaz cambió”, le das media chance, para volver a enterrarlo, una o dos citas después.
Hay que desconectar del respirador del todo a los ex. Posta. Eutanasia, muerte digna, cambiar el celular y, en lo posible, mudarte del barrio.





A otra cosa mariposa technicolor – o no – pero lo importante es que cuando vuelva, con el equino exhausto, después de haberse dado cuenta que te dejó porque es un pelotudo, pero que sos el amor de su vida – lejos -; que ese mágico día no te vea flaquear, y que te encuentre más exitosa que nunca, más flaca o más tetona, más rubia, más viajada, con la agenda completa, con planes de acá hasta dentro de 5 meses; o 6.


 Floripondicienta


lunes, 30 de enero de 2012

El fóbico al Delivery


Vivir solo te lleva al más común de los lugares que es el de atravesar toda experiencia posible con el “mundo delivery”, pero poco se habla del otro universo aterrador: el pedido telefónico.
El peor capítulo de tu vida empieza con una simple frase: "Che, pedite unas empanadas". Creeme, es el momento justo para meterte la mano en la boca y quebrarte un dedo, o agarrar la cartera y decir "Andá llamando vos que voy a comprar puchos a Caleta Olivia y vuelvo".
Quien no se identifique con este diálogo es porque es hijo de Dolly Irigoyen o su grupo de amigos es tan perfecto que inspiró a Amigovios.
















V: Vos
P: Pizzería
HDP: HDP

P: Pizzeriiiiiaaaaa
V: ¡Hola!, te llamo para hacer un pedido...
P: Ok, un segundo por favor
-         ( 1 segundo, 2 segundos, 8 minutos)
V: Che, andá diciéndome qué queres
HDP: Ehhh preguntale de qué hay
P:  Sí, decime...
V: Empanadas. ¿Qué gustos tenes?
P: Carne (V: Carne) , jamón y queso (V: jamón y queso), verdura (V: Verdura)…..
HDP: Ehhhh dos de jamón y queso y dos de carne. Preguntale si la de carne tiene aceituna
V: ¿La de carne tiene aceituna?
P: Si (V: sí)
HDP: ¡Ah entonces no!, odio la aceituna. Preguntale de que otro gusto tiene.
V: ¿De qué otro gusto tenés?
P: Humita (V: humita), pollo (V: pollo)…
HDP: Pollo, pollo. Dos de pollo
V: Agregame dos de pollo, entonces
P: Bancame un segundo que no sé si quedan…
-          (Una hibernación polar después)
P: No. Perdóname, pero pollo nada, pensé que tenía...
V: No le quedan de pollo
HDP: Bueh ya fue, las dos de jamón y queso
V: Sí, sí, dale. Si no cualquier cosa te doy una de las mías.
HDP: Naaa. Olvidate, no tengo mucho hambre. Las dos de jamón y queso, fue.
V: Bueno... entonces mandame dos de jamón y queso y tres de carne para mí. ¿Cuánto es?
P: 25 pesos, ¿con cuánto me pagas?
HDP: Decile que con 100, que no tengo cambio
V: Con 100 pesos
P: No tengo cambio pa, ¿no tenés uno más chico?
V: Bueno sí sí... Pago con 30 pesos // V: ya fue boludo, pago yo después vos pagás el helado.
-          (3 constelaciones lunares después)
HDP: Che, llamate a ver por dónde anda (nota de autor: la eterna utopía de la pizzería con GPS).
V: Hola si, te llamo de XXX, yo te pedí  5 empanadas hace 3 constelaciones lunares, ¿sabés si le falta mucho?
P: Ya salió para allá
V: Dice que ya salió.
-          (5 eras geológicas después)
HDP: ¿Esa de carne te la vas a comer?
V: Ehhhh si querés, comela, no hay problema.
HDP: Uhh sí, gracias
V: ¿Pedimos helado?
HDP: No! Boludo, sorry pero no puedo más. Además ya es tarde…

------Es tarde porque la mitad de mi vida me la pasé como traductor simultáneo de una pizzería con 3 gustos de empanada y un catador de rellenos, porque te pagué la comida y te comiste la mía, nunca garpaste el helado y te quedó un pedazo de aceituna de mi empanada en tu diente.------

El día que me quiera matar, te invito a comer sushi.

Maggie e. 

sábado, 18 de junio de 2011

La fobia de la edad

Hagamos una cosa simple, pensemos matematicamente, como cuando a uno le enseñan la tabla del 1, y sabe que todo número multiplicado por uno va a repetir su valor original. Pensemos mejor como una persona lógica, que respeta la lógica. Y ahora sí, ya situados en ese punto de partida, hablemos claro.
Alguien tiene la respuesta que tanto ando buscando! Alguien podría por favor explicarme porqué tenemos que tener una edad. El envejecer es parte de nuestra realidad, nos va a pasar a todos, eso está claro. Pero en el momento de conocernos de cedernos, de tenernos, porque tenemos que centrar la discusión en base a "tengo xx cantidad de años". Un hombre que pasa los 35 y está soltero cree que tiene el privilegio del hombre que doma el mundo, del hombre que -como no le corre el reloj biológico- puede darse el lujo de elegir, rechazar, amputar las esperanzas de todo un género sólo con la razón -social- de ser vieja y tener mañas. "Una mujer que tiene más de 30 se quiere casar, y aparte no es moldeable", "Yo necesito una de 26 (y tenés 40)" "¿No conocés la regla de la mitad de tu edad más siete?, esa es la diferencia ideal de edad para una pareja". Increíble, insólito, inhóspito, y todos los ins posibles. En el afán de ser parte de lo que esta sociedad de alguna manera te ordena, sos mujer y trabajás (pero ellos, estos inadaptados con pito que ya pasaron la edad de la razón a base de distintas cosas -algunos jugando al grupito de rugby en una eternidad aparente, otros creyéndose enamorados hasta que encontraron la libertad- pretenden de vos más: que cocinés, que lavés, que planchés y sobre todas las cosas que no tengás demasiada personalidad).
La cosa es que el tiempo pasa y los años también, aunque todavía me cuesta entender el concepto de la edad, y vos ya no tenés más 20, tenés casi 30 y empezás a temer, pero no temés porque estás disconforme con tu realidad, temés porque ellos te condenan, ellos empiezan a verte como una mina que está entrando en la edad culmine, que te vas a desesperar lentamente para tener un hijo, que lo único que querés hacer es casarlos... y toda esa parafernalia de pelotudeces. La cosa es que vos misma te agobias de todo esto y terminás creyendo en que estás vieja. Y el circulo se infesta y vos te hundís en una melancolía que no tiene ningún tipo de origen propio, es todo ajeno.

Me indigna de sobre manera que los hombres condenen a las mujeres por su edad.
Que la edad sea un tópico de charla
Que cuando tenés 22, te buscan los de 30
Y cuando tenés 26, te buscan los de 22

Me indigna más aún que la edad sea condicionante
Y lo que más me indigna de toda esta materia es:
que nadie se haga cargo de que a todos se nos va la edad.
Si tenes 40 y estás solo, bancatela! no quieras perpetuar tu adolescencia con un kindergarden

Desde ya, muchas gracias.

jueves, 9 de junio de 2011

La gente EN común

La vida está llena de coincidencias y excepto encontrar monedas en el fondo de la cartera, el resto son una cagada. “ayy mirá donde te vengo a encontrar!”. Primero, no me venís a encontrar, venís a pasear con tu novio y justo me viste. Segundo, yo vine a buscar a mi vieja, me olvidé a mi novio (me lo vengo olvidando hace 20 años) y ni ganas de encontrarte, de que nos encontremos o de que me encuentres, porque francamente tengo un buzo arriba del pijama.

En fin, situaciones como estas suceden cotidianamente pero la idea es centrarnos en las coincidencias más nefastas: “la gente en común” y quien trajo este mal al mundo: FACEBOOK. Antes era lo mismo, sólo que yo hablaba mal de mi ex, yo no sabía que mi ex era tu jefe y vos no sabías que tu jefe también cogía y encima lo hacía mal.

Hablar de las consecuencias del Facebook ya es cliché y tema del 70% del stand up argentino así que nos reduciremos aún más, a una derivación del “gente en común” y es el “yo te conozco, porque tengo una amiga que…”. Desde entonces, todas las conversaciones con este ser con el que ya compartís algo (según Zack Zuckerberg) se reducen a “esa persona en común” que, o no te puede interesar menos, o hacía dos horas que habías logrado olvidar….porque claro, la persona en común nunca va a ser Evita o Luciano Castro.

Mañana iré a trabajar sabiendo que mi nueva asistente conoce a mi ex y no podré decirle “Isaura, ven y sírveme un té” como una forma de vengarme de él. Ante todo, porque alguien decidió terminar con la esclavitud en la Argentina (“Me gusta” la esclavitud) y luego porque me evalúan por “motivarla”. Ojalá se motive mucho con las caras de culo. Alcoyana, alcoyana. Chotada, chotada.

jueves, 19 de mayo de 2011

Las malas casualidades

Me indigna bocha que las cosas no sean lineales. Que las casualidades, de las malas, a veces te den donde más te duele. Ejemplo: “hola, no voy a trabajar porque me siento re mal”, mala casualidad: te cruzas a tu jefe que vive en Villa Adelina en el cine de Palermo.
Pero ahí malas decisiones del destino no son tannn graves como cuando, por ejemplo, tu ex aparece en el momento que intentas retomar las riendas de tu vida y se te cruza por casualidad en un lugar inverosímil, en un momento indeseado, con el sólo propósito de decirte “hey acá estoy, sigo vivo y quiero cagarte el día”.
Y ahí no hay nada más que decir que la vida es una puta casualidad, que se pone las pilas para que todos los días te des cuenta que el destino definitivamente no está escrito.
A las malas casualidades no hay que buscarles la vuelta y, mucho menos, tomarlas como “señales” porque ahí sí que te vas a querer comer la cabeza.
Simplemente seguir adelante con tu día como si “eso” no hubiera ocurrido, no pensar que tiene que ver con nada, tu ex es tu ex y nada tiene que ver con tu presente, a pesar de que ahora resulta que te lo tengas que cruzar, hasta en esta mega-metrópolis de 11 millones de almas.

domingo, 15 de mayo de 2011

Beso con ruido en el cine

Es domingo, estás en "ese día", ese día en el que no querés más nada de la vida; querés dormir, mirar una peli que sea triste, comer cosas que te hinchan y te llevan de vuelta a la cama, estar en pijama. Querés, muy en el fondo, desaparecer. Y te suena el teléfono, parece que alguien te quiere rescatar y -claro- no va a ser un muerto del placard que se dio cuenta que te ama. Va a ser una amiga que, como vos, quiere desaparecer pero al menos tiene una idea distinta para evacuar los malos pensamientos: ir al cine.

Todos vamos al cine los domingos.

Con novio, sin novio; con amigas, con familia. Por alguna razón la gente elige ese día para desaparecer en alguna que otra historia ajena y estridente. Lo más notable es que - a pesar del ostentoso valor de la entrada... unos 30 pesos- lo siguen haciendo. Nada importante, detalles, color, cosas que me indignan.

Te levantás, te sacás el pijama, la cara no la arreglás porque la cara de domingo, no se arregla. Te vas hacia el cine a encontrarte con tu amiga. Sacás la entrada, manifestás la problemática de comer pochoclo o no, desembolsás más plata, total... ya estás entregada a la rueda de la fortuna. Entrás con esa cara y esos pochoclos y esa amiga a la sala. Previo paso por la mayor cantidad de parejas que tuviste el placer de ver en toda la semana (vale aclarar que cuando uno no tiene pareja el domingo es un poco más complicado).

Lo que sigue es un pasaje divino a la sala en plena oscuridad. Te sentás -por suerte tus entradas son numeradas- y te encontrás con que al lado tuyo hay una hermosa y fantástica pareja dominguera. Y, ¿sabés qué? Te querés MATAR.

Matar porque el mambo de la pareja en el cine es que no respeta los códigos. Vos, gila, que te sentaste al lado mío en el cine, ¿nunca estuviste en la situación inversa? Y ponele que no, que nunca estuviste sola; o que nunca fuiste al cine después de una tarde gris, un domingo, sola (porque siempre estuviste en pareja)... Ponele que seas la “Roberto Carlos” del amor... ¿No te da un toque de vergüenza esbozar tu amor a base de besos públicos, pero no públicos por el lugar sino porque son besos que te integran? A ver, para entendernos: el ruido en el cine te integra. Que tu inserción lingüística termine con un chuik cada 2 minutos en una sala oscura que trata de ser silenciosa (no nos olvidemos del clásico pochocleo que lleva un capítulo aparte) integra al resto de los que tienen la mala suerte de escuchar la manifestación sonora del amor.

Recapitulemos. Te sentás. Ves la pareja, sabés que no va a ser fácil porque ya la presencia te indigna pero te la fumás. Buscás pochoclos y colaborás con la orquesta de la sala. Empieza la película, que tampoco es tan graciosa -supongamos que es Un cuento chino de Darín-. A los dos minutos arranca el chuikeo, estás saliendo de tu infierno y metiéndote en uno ajeno, o sea, desapareciendo y los dos pelotudos de al lado no te dejan concentrar. No paran de besarse con ruido. Ruido de beso a un bebé, ruido de cuando sos chiquito y querés molestar a alguien, ruido de irrespetuoso por el séptimo arte. Ruido que se sucede cada 5 minutos, porque él (que claramente tiene cara de boludo) tiene en su mano la mano de ella (que es otra boluda) y le va dando besitos -con ruido- cada vez que se le ocurre. Vos girás la cabeza para conocer el rostro de estas personas y ves que están sentados de tal manera que comparten los cachetes mientras él le da besitos en la mano (con ruido). Ponele que pasaron 40 minutos y el ruidometro marca 40 besitos. Así, toda la película, toda la película.

Termina, se miran, se besan con beso ruido largo. Y acá va mi planteo.
Ponele que sos chico y sólo podes chapar en el cine. Andá a la última fila y un martes (nunca un domingo). Ponele que estás super enamorado y te encanta chapar con ruido, andá a un telo. Ponele que no aguantás estar al lado de esa persona y no darle un beso (con ruido), ingéniatelas para hacerlo en silencio.

Para ser claros:
El aire es público y tu intimidad debería ser privada.